Obra 150 x 100 cm
Técnica óleo sobre lienzo
Colección: Vibratio

La obra encarna el desgarrador instante en que el ser humano se aferra a aquello que está condenado a desvanecerse. Una misma figura se abraza a sí misma, como si intentara retener lo irremediable: la pérdida de alguien, de algo esencial, o de una parte íntima de su propio ser.
El cuerpo fragmentado, que se deshace en partículas, refleja la fragilidad de la existencia y la imposibilidad de contener lo efímero. La figura de carne abraza a su doble quebradizo, símbolo de lo que se escapa entre las manos pese al deseo de conservarlo. El gesto es a la vez ternura y desesperación, un intento desesperado de no dejar ir lo más amado.
El cabello encendido, enrojecido como llama o furia, revela la intensidad de la emoción: la rabia ante la pérdida, la negación del vacío, la fuerza vital que se rebela contra el destino. El rostro cubierto con la propia mano evoca el rechazo a mirar, a aceptar, a sentir lo inevitable.
“El abrazo eterno” es metáfora de la contradicción humana: la necesidad de unión con lo perdido y la imposibilidad de recuperarlo. Un duelo íntimo donde el amor se transforma en fractura, y donde el abrazo no une, sino que revela la dolorosa verdad de que al perder lo amado, también se pierde una parte de uno mismo.
“Amar es intentar detener el tiempo con las manos.” Octavio Paz.